Letras y Fotografía # 28 – Philippe Halsman

PHILIPPE HALSMAN

Por Sergio B.
Alumno del Curso Avanzado de Fotografía Blackkamera

¿Por qué Halsman?

Por tres motivos…

El primero es… ¿y por qué no? Elija a quien elija, me dejo a muchos que eran idóneos y que me gustaban tanto o más. Elija a quien elija, consideraré que me he equivocado bien por una elección simplista o por rebuscada. Elija a quien elija, siempre me surgirán las dudas al ojear otro de los genios anónimos o a grandes fotógrafos que me enseñan mucho con su tenacidad y humildad.

El segundo…porque era el que no me esperaba. Porque me lo crucé de golpe cuando me lamentaba por haber llegado tarde al Blackbus y a esas exposiciones de Capa y compañía en Madrid. Todo para darme cuenta de que éramos viejos amigos y que yo también hago ciertas fotos por él.

Y el tercero….porque desde que soy alumno de Blackkamera ya no puedo ver una fotografía sin conocer la historia de la persona que hizo la toma. No tanto la historia de la fotografía sino la de aquél que decidió que ese instante tenía sentido. Necesito descubrir el por qué, qué le motivaba, cómo llego hasta ese momento y qué experiencias le afectaron durante el camino para que tuviera esa mirada distinta, para que buscara esa forma desigual de eternizar a las personas y su mundo. Es como si una fotografía perdiera profundidad sin poder dotarla de un contexto; a través del conocimiento de su por qué, gana contenido y pasa de una imagen plana a algo con lo que conecto, en lo que puedo penetrar y completar una comprensión que me plantea preguntas.

Esta es la sensación que tuve cuando por accidente me encontré una exposición de Philippe Halsman, el maestro del retrato psicológico y la creatividad.

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La primera parte de su vida está marcada por la desventura y el sufrimiento. Philippe nace en Riga en 1906 y se traslada a Alemania para formarse como ingeniero. A los 22 años cae preso acusado injustamente de la muerte de su padre en un accidente en los Alpes austriacos, a causa del creciente odio antisemita en la Europa de los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Tras dos años de trabajos forzados es liberado gracias a la presión de intelectuales como Sigmund Freud o Einstein, quien se convertirá en su ángel de la guarda. No obstante, obligado a abandonar Austria se asienta en París donde inicia una nueva vida como fotógrafo en un estudio. Progresa favorablemente como fotógrafo de moda y llega a captar la atención de Vogue y otros magacines de la época.

Tras unos años en París, la amenaza de la guerra se cierne sobre la ciudad y de nuevo Halsman debe buscar una salida, en este caso emigrando a los Estados unidos gracias a la mediación de Eleanor Roosevelt y su ángel, Albert Einstein. Philippe llega a Nueva York con poco más que su cámara para labrarse un camino nuevo. Será a partir de este nuevo nacimiento donde Halsman es libre para poder desplegar todo su arte, tenacidad y curiosidad.

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Lo que me maravilla de Philippe Halsman es cómo mezcla de forma única mundos aparentemente diferentes: el comercial y de masas con colaboraciones de personajes célebres, frente a sus proyectos personales, experimentales y osados. Y lo hace a lo largo de décadas, sin perder la motivación o curiosidad del primer día, construyendo relaciones únicas.

El mejor reflejo de la primera faceta son sus retratos y las 101 portadas de la revista Life, logradas a lo largo de 30 años.

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Halsman comienza en Nueva York dando forma a los portafolios de jóvenes modelos. La fortuna hace que una de sus fotos sea elegida por Elisabeth Arden como soporte para la promoción a nivel nacional de un nuevo pintalabios, el “Victory Red”, abriéndole las puertas del mundo de la moda. De ahí da el salto a trabajar para varias revistas icónicas que le permiten realizar los reportajes y portadas que le hicieron famoso. Principalmente la revista Life, que le hizo innumerables encargos y que le convirtió en uno de sus fotógrafos fetiche; no en vano mantenía Philippe en su estudio una maquetación de su portada en celofán trasparente que le permitía simular cómo se verían sus fotografías y si éstas serían lo suficientemente atractivas e impactantes para ganarse ese primer puesto. Life también le unió a una de sus musas, Marilyn Monroe, cuando ésta todavía era una completa desconocida. En una sesión fortuita con unas modelos aspirantes al mundo de Hollywood, Philippe conecta con Marilyn, quien se convertirá en uno de sus iconos de portada, así como una de las primeras personas que participaron en su jumpology, o “saltología”.

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Halsman se labra su hueco gracias a una combinación única de humor, creatividad, innovación y una técnica impecable, que le permite retratar personas y fijar imágenes únicas para la época. Los retratos de Halsman no son sólo imágenes de personas ilustres, eso no le interesa a Philippe. Él busca algo diferente: romper y penetrar en la coraza del personaje, tocar su esencia para que su máscara caiga y entonces, en el momento de mayor vulnerabilidad y sorpresa, retratar su alma.

Esos retratos sencillos pero llenos de fuerza los logra con los medios más simples: componiendo a Marilyn entre una pared blanca y una puerta de armario oscura, sondeando a Einstein durante horas con los pensamientos más profundos sobre la aplicación mortal de sus descubrimientos, o haciendo saltar a sus retratados. Lo hace con la voluntad de capturar su personalidad y carácter ya que en toda su vida Philippe Halsman tuvo una única obsesión: las personas y la necesidad de fijar en una captura de la forma más completa no sólo su exterior sino también el interior. Y todo esto sin olvidar nunca la potencialidad de la venta en la portada de una revista.

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Y el salto… A Halsman le gustaba el salto como medio para conseguir la máxima naturalidad en la fotografía a pesar del sacrificio de lo estético. El esfuerzo rompe poses, rigideces y posturas preconcebidas, aflorando el niño que vive dentro de todos nosotros (os invito a probarlo, es una medicina estupenda). Delante de su cámara saltan todo tipo de famosos y célebres de la época, algo extrañados y esquivos los primeros años pero progresivamente más receptivos y finalmente ávidos una vez que se popularizan sus tomas “saltológicas”. Todos quieren ser plasmados ingrávidos…la propia Marilyn, Audrey Hepburn, Dalí, Churchill, Marilyn Monroe, Louis Armstrong o Muhammad Ali entre otros muchos.

“Comenzando a principio de la década de 1950, pedí a cada persona importante o famosa que fotografiaba que saltara para mí. Me motivaba una curiosidad genuina. Después de todo, la vida nos ha enseñado a controlar y ocultar nuestras expresiones faciales, pero no nos ha enseñado a controlar nuestros saltos. Quería ver cómo la gente famosa revela en un salto su ambición o su falta de ella, su auto-importancia o su inseguridad, y muchos otros rasgos.”

“Mucha gente se rigidiza con auto-consciencia cuando posan para una foto. La mejor iluminación y equipo fotográfico son inútiles si el fotógrafo no puede hacer que dejen caer la máscara, al menos por un momento, para que pueda capturar en su película su personalidad y carácter reales, sin distorsión.”

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El segundo Halsman….el creativo, abstracto, conceptual.

Philippe no ceja nunca en su curiosidad y empeño por experimentar y renovarse. A lo largo de toda su vida busca siempre aprender y experimentar con nuevas técnicas, ya sean fotográficas, escénicas, plásticas o psicológicas. Además, establece increíbles colaboraciones con personajes únicos de la época, siendo quizás el más relevante Salvador Dalí.

A lo largo de 37 años Dalí y Halsman mantienen una relación personal y profesional, reuniéndose varias veces al año para alimentar con la gasolina de la creatividad infinita el motor de ambos y desarrollar un repertorio increíble de ideas fotográficas que plasman en todo tipo de trabajos, publicaciones y libros. Sus trabajos combinan humor, técnica y determinación, adoptando cualquier tipo de medio necesario para plasmar sus conceptos. Medios tan diversos como helicópteros, tanques transparentes, fluidos de todo tipo, moscas, ceras y mieles, cuerdas invisibles, mobiliario, objetos o incluso gatos se rinden a la genialidad combinada de la pareja.

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Trabajar con Dalí sería a partes iguales un reto imposible y una fiesta. Pero Halsman no sólo logró una conexión y complicidad única, sino su máximo respeto, logrando que sus fotografías más célebres llevaran su sello, confinadas en una perfecta composición, técnica y formalidad. Juntos lograron ser mucho más que cada uno por separado.

“Para mí la fotografía puede ser terriblemente seria o tremendamente divertida. Intentar capturar la huidiza verdad con la cámara es a menudo un frustrante esfuerzo. Intentar crear una imagen que no existe salvo en la imaginación de uno, es un juego excitante. Yo disfruto particularmente este juego cuando lo hago con Salvador Dalí. Somos como dos cómplices. Cada vez que tengo una idea inusual, le pido que sea el héroe de mi fotografía. Había una constante estimulación cruzada.”

“Algunos de mis colegas piensan que deterioro mi reputación como fotógrafo serio al publicar “absurdas y complicadas” fotografías manipuladas como las que hice de Dalí – que expresaban principalmente ideas abstractas. Yo creo que se equivocan. “

“Esta es la esencia de una obra de arte: que nunca toques fondo. Si una foto tiene para todo el mundo exactamente el mismo significado, es un tópico, y no tiene ningún sentido como obra de arte. La misma verdad aplica a un retrato: si no es rico en carácter y sentido, es un retrato pobre.”

Philippe también ejerció de gran divulgador en la época ante la llegada de medios como el cine y la televisión, amenazando el terreno de la fotografía. Philippe siempre fue capaz de renovarla con su imaginación, divulgando constantemente en los medios la capacidad de exploración y de innovación en la misma.

Porque en toda su vida Philippe Halsman mantuvo un único imperativo en su mente: “Sorpréndeme”.

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Otras citas de Philippe Halsman:

“La cabeza del fotógrafo es más importante que su cámara.” 

“Incluso mis amigos no lo creen, pero soy una persona tímida. Sé que tengo que sacar fotos, y es un hecho que tener una cámara en tu mano te da coraje. La cámara es algo mágico”. 

“A menudo es más el buen psicólogo que el buen fotógrafo quien hace buenos retratos”. 

“Muchos fotógrafos buscan un estilo individual, pero esta búsqueda del estilo nunca me preocupó. Cuando tengo algo que decir, uso la técnica fotográfica para expresarlo lo más fuerte y claramente posible”. 

“En mi opinión, el contenido de una fotografía es como mínimo tan importante como su belleza gráfica – y un retrato profundamente perceptivo tiene más valor que uno perfectamente compuesto”. 

“La palabra “fotografía” puede interpretarse como “escribir con luz” o “pintar con luz”. Algunos fotógrafos producen fotografías bellas pintando con luz. Otros fotógrafos intentan decir algo con sus fotografías. Están escribiendo con luz…”. 

“¿Cuál es el propósito de mi fotografía, de tomar mis fotos?… Intento resumir la personalidad lo más humanamente posible… Me da la impresión de estar generando un documento psicológico honesto de una persona humana… Esa foto quizás después se convierta en el símbolo visual para la entera personalidad del sujeto.” 

“Sí, no lo puedo ocultar más: generalmente elijo contenido sobre forma. En lugar de crear una imagen gráficamente sorprendente, estoy más interesado en capturar la verdad interior.”

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