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Entrevista de Blackkamera a Cristina de Middel

Nuestro colaborador David Tijero le ha planteado unas preguntas a la fotógrafa Cristina de Middel, profesora del próximo Curso Profesional de Fotoperiodismo de Blackkamera.

Cristina De Middel es una fotógrafa española cuyo trabajo investiga la ambigua relación existente entre fotografía y verdad. Combinando  acercamientos documentales y conceptuales, su trabajo juega con la reconstrucción de arquetipos y estereotipos que ayudan a difuminar la separación entre la realidad y la ficción.

Después de 10 años trabajando en prensa y como fotógrafa humanitaria De Middel se apartó de la mirada documental y creó el lanzó The Afronauts. Esta serie narraba las hazañas del programa espacial zambiano en 1964 a través de puestas en escena que reconstruían los hechos y usando deliberadamente narrativas oscuras.

Desde el año 2012 De Middel ha producido continuamente nuevos trabajos que se centran en redefinir la idea de lo documental y en  completar la limitada secripción del mundo que nos brindan los medios de comunicación masivos. El trabajo de De Middel nos muestra
que, a la hora de entender el mundo en el que vivimos, la ficción puede servir de herramienta fotográfica tanto como el lenguaje documental promoviendo así una mirada más crítica por parte de la audiencia.

Con más de 12 libros publicados, Cristina De Middel ha expuesto su trabajo extensivamente y ha sido galardonada y finalista en numerosos certámenes como el PhotoFolio Arles 2012, el Deutsche Börse Prize y el Infinity Award from del International Center of Photography in New Y0rk.

Cristina De Middel es una nominada de la agencia Magnum desde 2017 y vive y trabaja entre México y Brasil.

Cristina De Middel by- ©Nani Gutierrez

Entrevista David Tijero / Fotografías, Cristina de Middel

Hace ya tiempo que abandonaste el fotoperiodismo para adentrarte en un documentalismo casi en la frontera con la ficción, ¿una necesidad de posicionarte ante unos hechos más que aportar un simple testimonio visual del mismo?

Sí, después de casi 10 años trabajando en periódicos locales empecé a encontrarme un poco arrinconada y con muy poco espacio para mi propia reflexión. También me pesaba esa carga de Verdad que llevaba la fotografía y necesitaba tener un acercamiento menos pesado y transcendente para poder reflejarme mejor en mi trabajo. Fue un proceso interesante que aún no ha terminado porque en los últimos años he estado volviendo a darle más peso al reportaje más tradicional en mis trabajos personales. No creo que uno funcione sin el otro para mí. La ficción sin una realidad con la que comparase pierde mucho interés.

Estás considerada como una de las fotógrafas más relevantes de la actualidad, ¿pesa de algún modo esa repercusión a cada nuevo proyecto que afrontas o eres más bien impermeable tanto a halagos como a críticas? 

Pues la verdad es que desde hace varios años vivo un poco al margen de los mundillos fotográficos y me centro en seguir produciendo y desarrollando ideas, pero sí que estoy presente en redes y me molesta cuando se hacen juicios sumarios con mi trabajo porque me esfuerzo mucho en explicarlo con entrevistas y con un lenguaje accesible. Supongo que es parte de la naturaleza de las redes sociales y una parte del precio que tengo que pagar por poder hacer lo que me da la gana, que haya gente a quién no le parezca bien. No soy impermeable, me afecta, pero tampoco es algo que me paralice, quizá todo lo contrario, me anima a seguir explicándome mejor.

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En un mundo cada vez más digital el fotolibro parece haberse convertido en el objeto de deseo de un gran número de fotógrafos. Como autora referente en ese soporte, ¿a qué crees que se debe?

Yo creo que se debe a que es un objeto perfecto para contar historias y que nos ayudó a todos a pasar el «mono» del cierre de los periódicos y la digitalización de las imágenes. 


 Entre comprarse una copia en una galería de arte y ver una foto en la pantalla hay un abismo y el fotolibro se convierte en un puente idóneo tanto para el fotógrafo como para el que consume fotografía“.


¿Han sido o son de algún modo los alumnos que acuden a tus talleres una fuente de inspiración para tu trabajo o en tu caso docencia y creación siguen caminos separados? 

La verdad es que mis fuentes de inspiración están totalmente fuera del mundo de la fotografía y no estoy muy al tanto de todos los trabajos nuevos que salen. Con los alumnos, intento ser lo más precisa posible y sistemática con la edición, el concepto y las motivaciones para construir una base sólida que puedan aplicar a cualquier proyecto. Yo no diría que me inspiro de los alumnos, pero sí que me gusta mucho la docencia y tratar de solucionar juntos el rompecabezas que es sacar adelante un proyecto fotográfico. Son siempre conversaciones muy intensas e instructivas para todos.

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