Letras y Fotografía # 76 Andrei Tarkovsky

ANDREI TARKOVSKY. POETA DE LA IMAGEN

Por Victoria Gómez
Alumna del Curso Avanzado de Fotografía Blackkamera

ANDREI TARKOVSKY.

Este es el magnetismo de la Polaroid de Tarkovsky. Atrae, traspasa y atrapa.

Para mí, un gran referente como fotógrafo y pensador.

¿Quién es?:

Un 29 de diciembre de 1986 falleció a los 54 años el director ruso más alabado, estudiado y venerado de la historia del cine. Tarkovsky es aún hoy una figura clave para entender el cine como arte. Para él, la poesía era una condición inapelable para afrontar el medio, y sus siete películas son celebraciones constantes y maravillosas de las posibilidades expresivas de la imagen.

ANDREI TARKOVSKY.

Extremo, íntimo, único. Andrei Tarkovsky puede considerarse el poeta por excelencia no sólo del cine ruso, sino del cine en su conjunto.

Se alejó de las convenciones comerciales y confeccionó películas que buscaban la reflexión y no el entretenimiento, películas que jamás quisieron ponérselo fácil al espectador.

Exiliado de la Unión Soviética, murió de un cáncer de pulmón mientras se encontraba en la postproducción de su última película, ‘Sacrificio’.

“La poesía es para mí un modo de ver el mundo, una forma especial de relación con la realidad”, afirma el propio cineasta en su libro “Esculpir en el tiempo”.

ANDREI TARKOVSKY.

Y así es exactamente su filosofía como artista: extraer la poética de las imágenes, indagar en ellas como un verdadero intelectual, como alguien dispuesto a emocionarse y a aprender de su condición humana a través del medio audiovisual.

Para él, el objetivo del arte no era el de ser consumido como una mercancía, sino algo que “consiste en explicar por sí mismo y a su entorno el sentido de la vida y de la existencia”.

ANDREI TARKOVSKY.

Es decir: “explicarle al hombre cuál es el motivo y el objetivo de su existencia en nuestro planeta. O quizá no explicárselo, sino tan sólo enfrentarlo a ese interrogante”, escribió.ANDREI TARKOVSKY.

Acompañado de su cámara Polaroid, Tarkovsky plasmó –de manera estática– su modo de ver el mundo.

Durante sus espacios libres y convivencia familiar, Tarkovsky fotografiaba los rincones de sus hogares, los juegos de sus hijos y sus mascotas, las estancias personales, el paisaje místico del que se rodeaba.

ANDREI TARKOVSKY.

Ese es el magnetismo de las Polaroid de Tarkovsky. La consonante paleta de colores, la evidente intensidad emocional que destila cada una de las instantáneas, el punto justo de nostalgia y evocación de un pasado ya perdido, la luz tenue y las escenas del día a día.

ANDREI TARKOVSKY.

Muy en el espíritu de su trabajo con imágenes en movimiento, sus fotos captan la naturaleza, las personas y la luz en imágenes que brillan con la singular humanidad, que impregna sus películas.

En estas viñetas de su universo personal poblado por su perro, sus hijos, su jardín y las vistas desde su ventana, nos deja hechizados la tranquila y cautivadora inmersión en el mundo de un hombre que convirtió sueños en realidad y creó mundos maravillosos y veraces que nunca han sido igualados a pesar de la grandilocuencia de la tecnología moderna.

ANDREI TARKOVSKY.

ANDREI TARKOVSKY.

Uno de sus héroes, Ingmar Bergman, declaró, “ Tarkovsky para mí es el más grande, el que inventó un nuevo lenguaje fiel a la naturaleza del cine ya que capta la vida como un reflejo, la vida como un sueño”.

En 2006, la editorial Thames & Hudson Ltd publicó el libro “Instant Light: Tarkovsky Polaroids”, que incluía alrededor de 60 fotografías que el cineasta tomó en Rusia e Italia entre 1979 y 1984.

Aquellas fotos sobrevivieron al paso de las décadas.

El novelista y guionista italiano, Tonino Guerra –que colaboró con directores como Federico Fellini, Michelangelo Antonioni y el propio Tarkovsky–, escribió lo siguiente: “En 1977, durante la ceremonia de mi boda en Moscú apareció Tarkovsky con una cámara Polaroid. Había descubierto recientemente este  aparato y estuvo usándolo con regocijo entre nosotros. Él y Antonioni fueron mis testigos de boda. Según la costumbre de aquella época eran ellos quienes tenían que elegir la música que sonaría en el momento de firmar los documentos de matrimonio. Escogieron El Danubio azul [de Johann Strauss]. Por entonces Antonioni también solía usar una Polaroid. Recuerdo que en el curso de una localización de exteriores en Uzbekistán donde queríamos rodar un filme —que finalmente no hicimos— regaló a tres ancianos musulmanes las fotos que les había tomado. El más viejo, nada más al verlas, se las devolvió con estas palabras: “¿Qué hay de bueno en parar el tiempo?”. Este rechazo desacostumbrado nos sorprendió tanto que no supimos que contestarle. Tarkovsky pensó mucho sobre el “vuelo” del tiempo, y quería conseguir una sola cosa: pararlo, aunque solo fuera por un instante”.

Fuentes
magnet.xataka.com
culturainquieta.com
enfilme.com
http://www.enriquesilguero.com/blog/instant-light/

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