Letras y fotografías # 3 – Gueorgui Pinkhassov

GUEORGUI PINKHASSOV: JUGANDO A LUCES Y SOMBRAS CON EL “MAESTRO DE LA LUZ”

Por: Leire Etxazarra
Alumna de Blackkamera

“Las fotos de Pinkhassov son fantásticas, dignas de envidia y probablemente de lo mejor que hay en el género. Sin embargo, usa los mismos tropos y convenciones que circulan hace tiempo: cuidadoso emplazamiento de los cuerpos, cambio de perspectiva entre el frente y atrás, juegos entre los fondos y los primeros planos, sombras profundas con una sola fuente de luz, y así. Pinkhassov simplemente lo hace mejor que la mayoría”.

Son palabras del fotógrafo de calle estadounidense Andrew Kochanowski. No es fácil encontrar citas como la anterior, textos y palabras que definan el trabajo de Gueorgui Pinkhassov. El ruso no se prodiga en los medios, apenas concede entrevistas. Su lenguaje es el de la cámara; sus imágenes, el vehículo a través del cual se expresa. Parece tomar al pie de la letra la máxima “una imagen vale más que mil palabras”. Algo que en la práctica está al alcance de muy pocos, pocos como Gueorgui Pinkhassov.

Su ya famosa frase “la cámara es como un revolver que, a veces, como en la ruleta rusa, acierta con precisión repentina e inesperada” nos muestra su gusto por lo inesperado, lo azaroso, esa especie de magia que se produce entre el instante en que uno aprieta el botón de su cámara y el momento en el que ve la imagen.

GUEORGUI PIKHASSOV

© You Tube

Es curioso el papel que el azar ha jugado en el devenir fotográfico de Pinkhassov. Dos golpes del destino, siempre caprichoso, que le han llevado a ser quien es. El primero, en el colegio, con apenas 11 años, cuando vio cómo un compañero suyo se libraba de la clase de matemáticas por saber hacer fotos. Ahí descubrió la “libertad” de ser fotógrafo. Y el segundo fue cuando alguien le regaló una Zorki, la versión rusa de la Leica. Aquello le dejó sin excusas para hacer lo que hasta entonces había evitado y lo que hoy día no puede dejar de hacer: fotografiar la calle.

Y es que Pinkhassov es, como muchos de nosotros, un gran tímido, “yo no quería fotografiar la calle, no deseaba inmiscuirme en las vidas ajenas. Prefería ser introvertido y mirar hacia mi interior”. Con la Zorki se le abrió un nuevo mundo, “podía hacer fotos desde la cintura sin tener que enfocar”. Aleluya.

Superada la barrera de la timidez, llegaron la pasión, la curiosidad y la emoción. Sin ellas no hay fotografía. “La fotografía es pasión. Es mejor no pensar en ella en términos de proyectos, concursos, dinero, etc. La esencia de la fotografía es la pasión por la curiosidad (…) No recuerdes lo que veas, sino aquello que te provoque emociones. Permanece abierto a las emociones puras y crecerás como artista. La fotografía es ver el mundo de una manera diferente”.

© Gueorgui Pinkhassov

Para Pinkhassov, las emociones están estrechamente ligadas al color; es un maestro del color y de los contrastes, que caracterizan la práctica totalidad de sus fotos. Hablan de él como el gran maestro de la luz. Según sus propias palabras, los fotógrafos son como polillas, están irremediablemente atraídos por la luz: “Lo principal es construir la composición con elementos, como si fuera un jeroglífico, jugando con la sombra y la luz”. Pinkhassov juega, experimenta y construye con la luz. En sus imágenes, luz y color dan un toque “mágico” a situaciones ordinarias. Mágico y cinematográfico, como no podía ser de otra forma. Estudió cinematografía y trabajó para el director ruso Andrei Tarkovsky.

© Gueorgui Pinkhassov

Pinkhassov hace de la sorpresa, la intuición y la selección la materia prima de su creatividad. “Se puede calificar el acto fotográfico como un disparo, pero lo que yo hago es más bien pescar. Mi estilo se basa en la casualidad, en el ángel que baja y te ayuda y ante el que tienes que reaccionar. Miras a través de la lente, creas tu composición –banal, aburrida, los sujetos se cansan, se distraen- hasta que haces click y se acabó. Hay que dejar a los ángeles de la fotografía que hagan su trabajo. Ellos dicen: no mires a través de la lente, déjanos trabajar en paz. A veces ni siquiera he reconocido mis propias fotografías. Incluso he vacilado en llamarlas mías”.

Imitación y servilismo no casan con el carácter de este ruso nacionalizado francés. Miembro de la agencia Magnum, a Pinkhassov no le duelen prendas a la hora de criticar a la agencia entre las agencias: “Para mi pesar, la cultura del fotoperiodismo está muerta en Magnum. Todo el mundo está ocupado en otras cosas o impartiendo talleres. Hay mucho talento en Magnum, pero cada uno va a su bola. Pero Magnum sigue viva mientras otras agencias han desaparecido”.

Para Pinkhassov, Magnum se afana demasiado en tratar los temas en profundidad, sacrificando la inmediatez y la rapidez: “Magnum siempre llega tarde. Apuesta por un tratamiento más profundo de los temas. Esto me causa más de un conflicto porque pienso que podrían ser más rápidos, pero no puedo cambiar el sistema”.

© Gueorgui Pinkhassov

Este parisino de adopción subraya siempre la importancia de la edición: “Quien controla la edición de un fotógrafo controla su destino”, afirma. Que se lo digan, si no, a Steve McCurry. En Pinkhassov, lo imprevisto y lo impredecible quedan exclusivamente reservados para el momento en el que uno hace ‘click’ con su cámara. La edición es algo muy diferente, algo que el fotógrafo debe controlar de principio a fin, la entiende al modo de Cartier Bresson, como una “declaración de los derechos de autor, algo que debe ser respetado por todos”.

La imitación y el acomodamiento, dos de sus demonios. “Las grandes fotos surgen cuando tu sistema de valores cambia y comienzas a ver nuevos valores. Manteniendo tus valores, trabajarás siempre igual”. Es famosa su anécdota con un compañero enfadado por haber sido rechazado por Magnum: “Pero mira mis fotos -le dijo éste- ¡son como las de Cartier Bresson! Sí –le contestó Pinkhassov- pero hay una diferencia, Cartier Bresson no se parece a nadie, y tú te pareces a él”.

Su consejo, hacer muchas fotos, él las hace, “pero mostrar sólo aquéllas que te hablan, que cobran vida cada vez que las miras”. Enseñar pocas, pero sacar tantas como nos pida nuestra intuición, y hacerlo sin complejos: “No hay que tener miedo de sacar malas fotos, porque las buenas fotos son los errores de las malas fotos”.

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